EL ETERNO CAMINO DEL TROVADOR FUNK
Texto: David Moreu

El cantante JJ Grey regresa con su banda y con un nuevo disco titulado Olustee, editado por Alligator Records. Una vuelta de tuerca a su mezcla de soul, funk y R&B pantanoso con detalles orquestales.

Existen artistas que son inseparables de su lugar de origen y su música nos transporta a ese escenario como si fuera la banda sonora de un documental. El cantante JJ Grey, líder de la banda Mofro, es uno de los ejemplos más evidentes en el panorama musical actual. Nacido en Jacksonville (Florida) y criado en un pequeño pueblo, descubrió la música gracias a las ferias ambulantes y aprendió a contar historias para entretener a su familia durante las sobremesas. Estos ingredientes acabaron filtrándose en unas canciones que mezclan la tradición de la música afroamericana con los personajes extravagantes que se cruzan a diario en su camino. Un trovador funk que se debate entre la tradición y la modernidad en un entorno que nunca deja de sorprender.

Después de nueve años alejado del mundo discográfico, has vuelto con Alligator Records y has grabado un nuevo álbum titulado Olustee. ¿Has notado el paso del tiempo de algún modo?

Hace mucho tiempo alguien dijo: «La vida es todo lo que te sucede mientras haces otros planes». He estado tan ocupado con las giras y tocando en directo que ni siquiera me he dado cuenta de que han pasado nueve años hasta que alguien me lo ha recordado. Soy terrible con las fechas. Si te soy sincero, no puedo ni recordar la edad que tengo. Obviamente sé cuándo nací… así que tengo que hacer los cálculos para averiguarlo. ¿Tengo 56 años? Ni siquiera lo sé. Con este nuevo disco ha sido más o menos lo mismo y creo que todo sucede por una razón.

¿Cómo has vivido la vuelta al estudio de grabación después de la pandemia?

En realidad, empecé a grabar las maquetas mientras estaba de gira con el disco Ol’ Glory, pero nunca pude terminarlas. No me sentía motivado. La inspiración se desvaneció. Años más tarde, compré un edificio antiguo de tres pisos, un lugar extravagante, y se ha convertido en nuestro cuartel general. Allí lo preparé todo para ensayar y, en el piso de arriba, monté un estudio de grabación provisional. Al instante, todo empezó a encajar y terminé el disco en aproximadamente dos semanas. Había estado trabajando en él durante años y todo encajó en dos semanas. Fue como si hubiera tenido que estar en ese edificio para terminarlo. Tal vez fue una coincidencia, no lo sé.

En tus álbumes anteriores trabajaste con el productor Dan Prothero, pero en esta ocasión has decidido tomar las riendas del proyecto y producirlo tú mismo. ¿Cómo ha sido la experiencia?

En todos los discos que hice con Dan, yo era quien se encargaba de los arreglos. Él me indicaba la dirección correcta para que no me quedara atrapado en cosas que entonces pensaba que eran geniales, pero que acabarían siendo una mierda con el paso del tiempo. Él me orientaba para sacar el máximo partido de mis puntos fuertes. En esta ocasión nunca me planteé de manera consciente ser el único productor. Simplemente le dediqué tiempo. No fue uno de esos casos en los que tienes 15 canciones terminadas, vas al estudio y las grabas. Tenía 20 canciones y las había grabado en maqueta. Por este motivo, muchas cosas que hice en las maquetas aparecen en el disco porque decidí aprovecharlas cuando fuimos al estudio.

Llama la atención la presencia tan destacada de orquestaciones, que aportan un sonido más cinematográfico a tu estilo pantanoso. ¿A qué se debe este giro sonoro?

Incluí un cuarteto de cuerda en discos como Country Ghetto y Orange Blossoms, pero nunca tuve la intención de trabajar con una orquesta. Luego ofrecí un par de conciertos con la Orquesta Sinfónica de Jacksonville y contrataron a un arreglista fenomenal para preparar las partituras y tocar en directo mis canciones. La experiencia me encantó, siempre he amado la riqueza de la música sinfónica. Entonces le comenté a mi mánager qué quería hacer algo más en esa línea y habló con Ronen Landa, el mismo tipo que se había encargado de preparar esos arreglos. La idea era incorporar una orquesta de 100 músicos. Preparamos partituras para más de 20 canciones de mi repertorio y planeamos una gira orquestal. Me envió maquetas en teclado de algunos arreglos y se me ocurrió probar cómo quedaban en algunas de las demos que había grabado para el nuevo disco. Entonces le dije: «¿Puedes modificar algunas cosas, reducir el tamaño de la orquesta y lo incluimos en el disco?».

Siempre has comentado que tus canciones están basadas en los personajes y las situaciones que observas en tu vida cotidiana. ¿Te consideras una especie de trovador moderno?

Lo curioso es que mis cantantes y compositores favoritos contaban historias. Supongo que aspiraba a ser como ellos y, simplemente, me salió de este modo. Cuando era joven, intenté escribir canciones con la idea de que fueran geniales o que gustaran a la gente. Antes de eso, quería escribir canciones pegadizas, pero no se me daba bien. Algunas personas tienen el talento para componer canciones pegadizas, hacer que sean memorables y, al mismo tiempo, contar historias. Lo intenté, pero me salió tan mal que lo dejé de inmediato. Entonces empecé a contar historias sobre las cosas que veía y que me gustaban.

¿Podríamos afirmar que eres una persona espiritual?

Un amigo que me ayudó a ir en la dirección correcta me preguntó una vez si era una persona espiritual y le respondí que no. Pero él siguió hablando del tema y me dijo que sí que lo era. Supongo que soy como todos los demás. Desperté aquí en la Tierra, en esta vida, y pasé mucho tiempo preocupándome por las cosas que van mal. Más tarde decidí que me centraría en las cosas que van bien. El caos es una de las teorías de la física y es normal que las cosas se desmoronen. Que las cosas se mantengan unidas, positivas y que avancen requiere esfuerzo. Es como cultivar algo y ahí es donde encuentro la conexión con tu pregunta.

¿Qué cosas han cambiado y qué cosas permanecen iguales en el músico que viajó a Inglaterra a principios de la década de los 90 para buscarse la vida y firmar un contrato discográfico?

He dejado de hacer suposiciones de cualquier tipo. Creo que eso le sucede a todo el mundo a medida que envejecemos. Hace años, tan solo en dos de cada diez conciertos me dejaba llevar por el espectáculo y podía vivirlo como un momento mágico. Eso era la punta del iceberg porque toda mi vida funcionaba de la misma manera. Al final entendí la idea de estar presente en cada momento y en cada lugar. Ahora, en todos los conciertos estoy conectado con lo que hago. Antes me preocupaba por cada nota y por cómo tocaba cada miembro de la banda. Necesitaba sonar como en 1968. Tenía que ser de ese modo. Ahora dejo que la gente toque y me pongo a un lado.

Formas parte de Alligator Records, pero eres como la oveja negra de esta discográfica de blues porque tu música es un auténtico gumbo. ¿Qué influencia ha tenido el blues en tu carrera?

Siempre ha sido una influencia y siempre lo será. Adoro a Muddy Waters y Howlin’ Wolf. Buddy Guy también ha sido una gran influencia. Llegué a un punto en el que me resultaba difícil distinguir la música de Ray Charles o Muddy Waters de la de Jerry Reed o George Jones, que son artistas de country. Sé que hablan de cosas distintas y que tocan ligeramente diferente, pero la intimidad y la intención son las mismas. En ese sentido, Toots and the Maytals o Burning Spear representan lo mismo. Incluso Luciano Pavarotti cantando «Ave María» me hace llorar. Lo mismo me sucede al escuchar a Mahalia Jackson cantando «Sweet Hour Of Prayer». También a Junior Kimbrough cantando «Sad days, lonely nights». Todo esto forma una unidad.

Hace años estuviste de gira con B.B. King y Mavis Staples. ¿Te contaron alguna anécdota sobre los inicios de sus carreras, la segregación racial o los derechos civiles?

B.B. King mencionó un lugar donde solía tocar en Jacksonville antes de la desegregación. Miss Mavis es una burbuja de alegría y felicidad. No fuimos tan atrás en el tiempo, pero hablamos de cocina y de comida. Ella me decía: «Cuando vengas a Chicago, voy a cocinar para ti». Eso fue hace años y todavía hoy pasa la mayor parte del tiempo de gira. Más tarde, un chico que trabajaba para mí acabó siendo su mánager de giras y asistente personal, así que mantuve el contacto. Una vez, en el aeropuerto de Nueva Orleans, Dr. John nos contó a Daryl Hance y a mí la historia de cuando le dispararon en un dedo en Jacksonville.

Tengo entendido que acostumbras a diseñar las portadas de tus álbumes. ¿Qué significado esconde el gallo que aparece en la cubierta de Olustee?

No tenía ninguna fotografía de mi gallo favorito, pero encontré una imagen online y lo dibujé hasta lograr una ilustración correcta. No sé si pasé más tiempo dibujando o borrando. Luego escaneé el dibujo, lo pasé al ordenador y lo coloreé. Esa imagen es tal como se veía mi gallo. Tenía mucho carácter, pero era muy bueno con las gallinas y con los pollitos. También se llevaba bien con los otros gallos. Cuidaba de todos y murió enfrentándose a un coyote porque intentaba salvar a las gallinas. Esa era su labor, cuidar de toda la familia. Amaba a ese gallo. Se llamaba Jim Jim y también compuse una canción titulada «Rooster» que habla sobre él.