OUTSIDERS DEL SUEÑO AMERICANO.

Pocas bandas representan mejor que Cordovas esa idea tan utópica de vivir como outsiders de la industria musical y, al mismo tiempo, tener la oportunidad de actuar por todo el mundo como un colectivo de artistas que busca la esencia de la música de raíces folk, aunque se describan como una banda de rock sureño. Su líder, el carismático Joe Firstman, acarició el éxito en solitario hace dos décadas y hoy se ha reinventado como un trovador moderno que divide su tiempo entre el bullicio de Nashville y la calma del pueblo pesquero de Todos Santos en México. Hemos hablado con él para conocer más detalles de su asombrosa carrera y de su inminente gira española.

Tu vida personal y tu carrera musical han ido en paralelo, aunque te has reinventado varias veces. ¿Cómo fue crecer en Charlotte (Carolina del Norte) en los años ochenta?

Fue el último vestigio de la vida sencilla porque la tecnología estaba a punto de hacer grandes avances. Recuerdo que fui a una escuela privada muy pequeña hasta segundo grado. Era 1990, estábamos entrando en una nueva década y sentía pánico. No sé si Charlotte sigue siendo como antes, pero hubo muchos intentos de integración en los años setenta. La Corte de Estados Unidos hizo que las escuelas tuvieran alumnos negros y blancos. Y eso causó un gran conflicto en el sur. Pero se votaron las leyes e implantaron un sistema de autobuses que llevaban a los niños a los colegios, muy lejos de donde vivían. Siento que cuando llegué a la escuela fue mágico porque había igualdad entre negros, blancos, hispanos, latinos, asiáticos e indios. Todos estaban en mi clase. Era equitativo, podías ser tú mismo y podías aferrarte a lo que más te gustara. A mí me gustaban el arte, la música y los deportes.

Entonces se vivió un momento especial en la industria musical porque muchas bandas alternativas dieron el salto al mainstream.

También tenías los videos musicales. Era la época en que esperábamos horas y horas a que pusieran el video de «Pour Some Sugar on Me» y ese tipo de canciones. Aunque, en realidad, siempre acababa mirando la colección de discos de mi padre. Seamos sinceros, los años setenta fueron esa hermosa época marcada por los avances tecnológicos y esa forma en que los músicos tocaban para poder llevar sus canciones al estudio. Todos tenían un estudio en casa y de esa intersección salió muy buen rock and roll. 1972 fue una locura de año.

¿Qué ibas buscando y qué encontraste realmente cuando llegaste a Los Ángeles en un autobús Greyhound a principios del año 2000?

No fui esperando nada. Sabía que podía lograrlo y eso es importante. Me ofrecieron contratos discográficos en Carolina del Norte y fui tan práctico al respecto como pude. Llegué a Los Ángeles con 1.000 dólares en el bolsillo. Sin amigos. Sin banda. Sin nada. Me quedé sin blanca en tres días. Cuando conocía a músicos, les decía: «¿Tocas la batería? ¡Estás en mi banda! ¿Conoces a un bajista? ¡Adelante, llámalo!». En un periódico aparecía un anuncio de un tipo que contrataba a bandas. Estábamos en Los Ángeles y parecía una estafa. El tipo contestó la llamada y le dije: «Hola, soy Joe de Carolina del Norte, quiero cerrar un concierto». Él me respondió: «¿Puedes traer a cincuenta personas?». Y yo le dije: «¡Claro!». No conocía a nadie. Hice un póster y fui por los bares diciendo: «¡Venid a mi concierto!”. Se presentaron cien personas.

Enseguida empezaste a componer, firmaste con Atlantic Records y grabaste un disco en solitario. Parece que llegar a la cima fue sencillo, pero mantener la cordura fue la parte complicada.

No perdí la cordura porque sigo siendo el mismo. El problema fue la inexperiencia y el hecho de no haber tenido dinero en mi familia. Mi abuelo trabajó vendiendo relojes de puerta en puerta hasta que cumplió sesenta años. Al llegar a Los Ángeles parecía que todo iba bien… tenía un mánager y se agotaban las entradas de mis conciertos. Pero con el contrato discográfico llegó el dinero y entonces no pude concentrarme más. Quería gastármelo y llevar a todas las chicas a Las Vegas.

En un giro del destino, acabaste siendo el líder de la banda de un programa televisivo de la NBC y tocaste con músicos como Kamasi Washington y Thundercat…

Le dije a Kamasi: «Así debes montar tu banda y pronto actuarás en Coachella». Entonces él era un crío y a Thundercat todavía lo conocíamos como Stephen Bruner. Trabajábamos juntos y tratábamos de montar nuestros proyectos. Sin embargo, esa era mi banda, yo escribí la música y les decía qué debían hacer. El problema era que yo ya había firmado un gran contrato discográfico y había aparecido en las pantallas de Times Square, pero esos chicos aún no habían estado allí. Nos ayudábamos los unos a los otros y recuerdo que Kamasi estaba grabando las original tapes. Aparecíamos en televisión durante la semana y los domingos tocábamos en un club de jazz. Fue otra época loca de Hollywood con limusinas y momentos increíblemente buenos.

Después de esos cuatro años de glamur televisivo, regresaste al anonimato y grabaste un par de álbumes en solitario. ¿Qué aprendiste en aquellos días tan complicados?

Realmente no me gustaban ni las letras ni el sentimiento que desprendía el álbum que había grabado para Atlantic. Cuando salió, me parecía que era para adolescentes y era incapaz de salir ahí fuera sonriendo para defenderlo. Prefería fracasar y nadie podía entenderlo. Me veían quemando esa oportunidad y ofreciendo conciertos horribles. Ni siquiera tocaba las canciones del álbum. Cuando grabé El Porto, quería tocar canciones que me gustaran, que mis hijos o quien fuera considerara que eran valiosas.

Luego te mudaste a Nashville y montaste la banda Cordovas, aunque da la impresión de que sois un colectivo cambiante de músicos con intereses similares…

Quería ser práctico. Si me preguntas cómo llegar a Hollywood con 1.000 dólares en el bolsillo y firmar con la discográfica más grande del mundo en seis meses, te responderé que no lo sé. Ya no puedo hacerlo, aunque admiro mucho al chico que lo hizo. Ahora necesito tocar. Lo más razonable que puedo hacer con mi experiencia es ofrecer conciertos. Me gusta viajar. No me importa dormir en hoteles, incluso puedo hacerlo todas las noches. Me gusta beber vino y hacer nuevos amigos. Eso es lo que quiero. Joe Firstman suena como el nombre de un abogado, pero con Cordovas tenemos un grupo. Queremos actuar y necesitamos grabar álbumes.

Pasáis largas temporadas en el pueblo de Todos Santos, en México. ¿Habéis encontrado allí vuestro pequeño paraíso musical?

Hemos traído mucha música a este pueblo y también organizamos un festival. Ahora veo a jóvenes de otras partes de México y de Estados Unidos que vienen aquí por la escena musical. Me resulta asombroso porque cuando llegué no había nada. Ya no tenemos excusas. Podemos recargar las pilas en México, surfear todo el invierno, comer pescado, ceviche y pulpo, y luego nos centramos en hacer música.

Habéis grabado tres álbumes con ATO Records. ¿Podríamos decir que estáis embarcados en un viaje en busca de las raíces de la música folk americana?

Musicalmente sí porque hay una pureza en las raíces. El guitarrista Lucca Soria y yo estábamos cenando anoche y discutíamos sobre Vampire Weekend porque su música siempre necesita un buen gancho, un loop o algo parecido. Nosotros no entramos en ese juego. Necesitamos que nuestras canciones sean canciones de folk. En su esencia me gusta que mi música se base en esa tradición porque no sueño con componer canciones famosas que generen mucho dinero. Sueño con ser un anciano que esté orgulloso de seguir tocándolas. Me gusta dar un uso a las canciones, como si fueran herramientas.

¿Tenéis relación con otras bandas del sello afines a vuestra filosofía?

Conocemos a todo el mundo. Ketch Secor de Old Crow Medicine Show es un tipo genial y me entrevistó para su programa. Adrian Quesada de Black Pumas produjo «High Feeling» e incluso tocó la guitarra. Es como en los años setenta porque la gente del sello está tratando de que todos los artistas nos ayudemos mutuamente. Es una manera de hacer las cosas de la vieja escuela. No te puedo decir exactamente qué ven en nosotros y te garantizo que apenas les damos beneficios. Pero nos da mucha confianza saber que tenemos un sello importante ayudándonos. Al presidente de ATO le gustan los cantantes y quiere artistas que puedan cantar de verdad. Ese tipo, que claramente puede distinguir entre un gran cantante y uno malo, piensa que soy bueno. Todavía no ha visto nada. Tengo mucho que mostrarle.

En septiembre estaréis de gira por España. ¿Qué formación podremos ver en directo y qué novedades musicales traeréis?

Esta pregunta es importante porque a la gente le gusta conocer la formación de las bandas. Este año tenemos de vuelta al pianista original de Cordovas. Johnny estuvo varios años alejado de la música porque su esposa estaba enferma. Esa voz aguda que escuchas en el primer disco y en That Santa Fe Channel es John Lloyd de Macon, Georgia. Una ciudad muy emblemática si estás en una banda de rock debido a que Otis Redding y los Allman Brothers eran de allí. Él es un ángel para nosotros. Nunca hemos podido replicar esas armonías vocales sin él. Además, tocaremos las nuevas canciones que hemos compuesto.

Si tuvieras una máquina del tiempo, ¿a qué época viajarías y a cuál de tus héroes musicales te gustaría conocer?

Admiro mucho a Bernie Taupin. Resulta que lo conocí y escribimos canciones juntos en su casa. Y cuando estaba en el instituto soñé que estaba en un concierto los Black Crowes, justo al lado del baterista. Años más tarde, allí estaba yo grabando mi primer disco para Atlantic Records con Steve Gorman, el baterista de los Black Crowes. Podríamos decir que desde que llegué a Los Ángeles he estado en una cápsula del tiempo y siento que todavía lo estoy.

Despiece:

GIRA ESPAÑOLA
La gira hará paradas en la Wolf de Barcelona (11/09), el Loco Club de Valencia (12/09), el Copérnico The Club de Madrid (13/09), La Guarida del Ángel de Jerez de la Frontera (14/09), el Lemon Rock de Granada (15/09), el Boogaloo Café Concierto de Cáceres (18/09), el Rock & Blues Café de Zaragoza (19/09), el DalecandELA Fest de Bilbao (20/09), la sala Octavo Arte de La Lastrilla (21/09) y el Escenario Santander de Santander (22/09).