Jon Theodore

GROOVE VIBRATIONS.

Texto: David Moreu

El ritmo es la clave de todo. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Sólo hace falta viajar en el tiempo para darnos cuenta de que en la prehistoria las tribus ya se reunían alrededor del fuego y danzaban al son de instrumentos rudimentarios, lo mismo que hacían los esclavos con sus cánticos de esperanza en las galeras que cruzaban los mares o los viajes lisérgicos que emprendían los hippies siguiendo el groove psicodélico de su época. El ritmo nos une de manera visceral, nos excita, nos hace volver a ser animales hambrientos de emociones y nos eleva por encima de todo aquello que podemos tocar con la punta de los dedos. A pesar de esta exaltación a las pulsaciones y a los beats, cada vez es menos frecuente que un batería de rock se convierta en una estrella, que trascienda la popularidad de su banda y que pase a ser un referente generacional como fueron Ringo, John Bonham, Keith Moon, Dave Grohl o Chad Smith. Los tiempos parece que no tienen intención de cambiar para dar una oportunidad a tantos pretendientes a la fama, pero, hace unos meses, la prensa especializada no pudo resistirse a la noticia de que Jon Theodore se convertía en el nuevo batería de Queen of the Stone Age justo en el momento de iniciar la gira mundial de su nuevo disco. En aquel momento muchos se preguntaban quién era ese músico casi desconocido y otros argumentaban las hazañas de su aventura con The Mars Volta, pero ahora ya ha quedado claro que su pegada es de las más personales y contundentes en el circo del rock actual. Y eso es un mérito al alcance de pocos.

Pero aquí no acaba el instante de gloria de Jon Theodore, sino que éste es el punto de partida de una historia mucho más fascinante. No en vano, este año también está de actualidad por haber participado en el asombroso segundo disco de Life Coach (junto al venerado Phil Manley) y no ha dudado en hablar de su pasión por el surf cada vez que ha tenido la oportunidad de compartir sus experiencias vitales con los medios de comunicación. Después de varios meses de estar en contacto por mail a través de medio mundo, conseguí hablar con él en una de las paradas de la gira de Queens of the Stone Age para reflexionar sobre este año frenético, descubrir los secretos de sus proyectos anteriores y conocer su pasión por las olas. Una entrevista extensa y repleta de anécdotas que nos dejan con ganas de más ritmo en las venas.

Este año has acaparado muchos titulares de la prensa musical por uno de tus proyectos, pero pocos han hablado del nuevo álbum de Life Coach en el que participas. ¿Podrías contarnos cómo conociste a Phil Manley y cómo es trabajar juntos?
Nos conocimos en 1992 en la universidad, empezamos a tocar juntos de inmediato y montamos una banda llamada Golden. Durante todos estos años hemos hecho muchas cosas, salí de gira con su otra banda, Trans Am, y me uní a Sebastian para que hubiera una doble batería en los directos. También hicimos el álbum “Gold” con The Fucking Am y él produjo una banda en la que yo toqué que se llamaba Black Taj.

¿Sabías que Phil estaba preparando material para un nuevo disco titulado “Alphawaves”?
El primer disco de Life Coach y los primeros conciertos fueron en solitario. Cuando Phil empezó a grabar las demos del segundo álbum, me las mandó a mi y a otros amigos baterías para ver qué podíamos aportar. Yo estaba muy metido en temas de grabación y tenía tiempo libre, así que empecé a trabajar las canciones de inmediato. Cuando le mandé la primera terminada, nos emocionamos mucho con las posibilidades que se nos abrían y entonces me lo tomé muy en serio. Así que me lancé a trabajar. Todo fue muy bien, las canciones me salieron deprisa y se las mandé antes que ningún otro batería. Phil estaba concentrado en el proyecto por completo y, de algún modo, yo me convertí en el batería de manera espontanea.

¿Podemos considerar Life Coach como una banda en toda regla o es un proyecto personal? ¿Tenéis planeado salir de gira para presentar el nuevo álbum?
Creo que podríamos considerar que Life Coach es todo esto que nombras, pero ya hay nuevas demos tomando forma, así que saldrá otro disco de manera inminente. Nos gustaría salir más de gira, aunque ahora ambos estamos muy ocupados con otros temas. A Phil y a mi nos encanta tocar juntos y los seguiremos haciendo cada vez que se presente la oportunidad.

Por curiosidad, ¿cuáles han sido tus mayores influencias sonoras y vitales a la hora de grabar los nuevos temas?
Yo vivía en un lugar hermoso y remoto cerca de la playa, donde estaba muy conectado a los ritmos y a los sonidos de la naturaleza. Los amaneceres, las puestas de sol, las olas rompiendo, el viento, el silencio, la montaña… Entonces meditaba, practicaba surf, hacía yoga cada día, comía sobre todo verduras y tocaba mucho la batería. Mi manera de tocar en solitario era muy rudimentaria, pero se trataba de ampliar mis horizontes. Normalmente seguía los movimientos sinfónicos que escuchaba en mi cabeza, las variaciones de temas, maximizando las dinámicas, tocando con los artistas impresionistas en la cabeza, dejando tiempos libres y atreviéndome a visitar territorios musicales desconocidos. Muchas veces me ponía música similar en los auriculares mientras tocaba, música con la que pudiera conectar y que me inspirara para encontrar nuevas formas. No importaba el género, sino que elegía la música según me sentía ese día y lo que significaba para mi tocar la batería en ese preciso momento. Normalmente tiendo a escuchar temas largos y que generan cierto trance, pero que no responden tanto a una estructura o a un arreglo. Por ejemplo, las largas jams de Neil Young con Crazy Horse, el “Electric Miles” o Lungfish. En aquellos días acababa de regresar de un viaje a la India, así que estaba metido de lleno en los ragas, los cantos del kirtan y los discos de trance electrónico…

Te propongo emprender un viaje en el tiempo a los inicios de tu carrera. Empezaste a tocar la batería en el instituto a principios de los 90…
Descubrir la batería fue lo mejor que me ha sucedido, puesto que me enamoré en seguida y se convirtió en mi afición favorita. Por encima de cualquier otra cosa, yo quería tocar ese instrumento. Entonces no lo sabía, pero las horas de práctica diaria serían la mejor manera de meditar. No hay palabras, ni preguntas que responder, ni problemas que solucionar, solamente el viaje hacia un mejor entendimiento de las formas, de los ritmos, de ti mismo y de tus hábitos. Al final, se trata de los aspectos vitales aquí en la tierra e incluso más allá. Entonces era puro amor hacia el instrumento, amor hacia la posibilidad de conectar con los amigos a un nivel más profundo que las palabras o el deporte, amor al hecho de poder dedicarte a algo y ser bueno o exitoso. En definitiva, era un gran lugar en el que me encontraba. Se tarda mucho tiempo en destacar en algo, aunque tuve la suerte de ser terrible en el sótano de mis padres mucho antes de que nadie me viera o me escuchara. Pero fui evolucionando sin saber hacia donde me dirigía y pude desarrollar conceptos más amplios.

Hasta que te uniste a una banda llamada Golden con Phil Manley. ¿Qué recuerdas de aquella época iniciática?
Me siento afortunado de haber coincidido con Golden en el momento que estaban empezando. Fue un período muy fértil, tanto en el terreno musical como en el emocional. Nuestra habilidad de escucharnos y de tocar juntos creció al mismo tiempo que expandíamos nuestras mentes con drogas psicoactivas y los discos de Albert Ayler. Fue una época preciosa de nuestras vidas, en la que nos dimos cuenta de las posibilidades infinitas que nos ofrecía el universo. Cada forma de expresión existente, como la batería de Art Blankey, las composiciones de Shostakovich, el jazz de Hugh Masakela, la Velvet Underground o The Meters se convirtieron en una oportunidad de aprendizaje, de crecimiento y de celebración. Nos sentíamos como si viviéramos en una época maravillosa de la historia, cuando la gente se encuentra en un momento que les definirá para siempre, como el verano del 67 en Haight-Ashbury, el Londres de 1974 o el New York de 1978…

Tengo entendido que te trasladaste a Los Ángeles después de recibir una llamada de Cedric Bixler Zavala y de Omar Rodríguez-López para unirte a su nueva banda. ¿Cómo fueron los primeros ensayos? ¿Fue complicado adaptarte a la ciudad?
Fue un cambio natural en aquel momento. Entonces me fui sólo con una mochila y una bolsa con los platos de la batería. Empezamos a tocar en seguida, así que tuve que trasladar el resto de mis cosas en otros dos viajes. Es cierto, recibí esa llamada cuando vivía en Baltimore, porque Golden había tocado con De Facto en la ciudad de El Paso (Texas) y nos hicimos amigos al instante. Omar me llamó y yo cogí un avión para empezar a tocar con ellos esa misma semana. Vivíamos en un antro en Long Beach que resultaba perfecto porque podíamos tocar en cualquier momento del día o de la noche. Ensayábamos todo el tiempo, desarrollando las canciones del EP y del primer álbum.

Desde el principio, The Mars Volta fue una banda con un marcado carácter experimental y con muchas influencias. Supongo que vivisteis un período muy creativo y con conciertos explosivos…
Fue una época muy creativa, porque creíamos que cuanto más experimentales sonáramos, mejor sería el resultado. Nos encantaba tocar juntos y conseguimos un sonido tan excitante, que los conciertos se convirtieron en un acontecimiento. Recuerdo que hubo varias reacciones negativas por parte de sus amigos porque no sonábamos como su antigua banda, pero no les prestamos atención. En seguida tuvimos claro que llevar los directos al límite no era solamente una oportunidad de llegar a la gente, sino de alejar al público que no quería aceparnos en base a nuestros propios méritos. Pero lo logramos y recuerdo conciertos que fueron solamente una canción de una hora…

Grabaste un EP y tres álbumes junto a The Mars Volta, pero me gustaría preguntarte concretamente por “De-Loused in the Comatorium”, que se ha convertido en una obra de culto. ¿Qué recuerdos tienes de las sesiones de grabación?
Hacer ese disco fue un gran aprendizaje y puedo decir que encerró muchas primeras veces. Por ejemplo, fue la primera vez que grabé con un productor. Básicamente, teníamos recursos ilimitados para trabajar y sacamos el mejor partido de todo lo que estaba a nuestro alcance. Lo que hizo que ese álbum fuera posible era que ya teníamos los temas escritos y habíamos pasado mucho tiempo en la carretera organizándolos y viendo lo que funcionaba y lo que no nos convencía. Así que, cuando llegamos al estudio, ya sabíamos cómo tocar esas canciones y cómo crear el arco narrativo a través de las dinámicas y de los arreglos. Ese disco fue especial porque trabajamos junto a Rick Rubin y su equipo con la idea de filtrar lo malo y sacar a relucir la esencia de las cosas. Todavía estoy muy orgulloso de ese disco porque documenta el año de trabajo agotador que afrontamos para hacer despegar la banda. Se convirtió en una especie de misión y en el lema de la banda. Así que fue una gran experiencia y un honor formar parte de todo eso.

Cuando te alejaste de The Mars Volta, empezaste una aventura musical con Zack de la Rocha, bajo el nombre de One Day as a Lion. ¿Fue un reto grabar aquel EP que mezclaba hip hop con metal?
Conozco a Zack desde los días que llegué a Los Ángeles. Nos hicimos buenos amigos y empezamos a tocar juntos de manera natural, como hacen los amigos. Improvisábamos jams en su sótano cuando estábamos en la ciudad e incluso salíamos por allí más a menudo que tocábamos. Un día llevé un grabador de MP3 que había comprado y empecé a experimentar con algunas cosas rudimentarias. De manera mágica, y a pesar de las limitaciones técnicas, pude capturar un período de dos semanas muy fértiles de jams. Entonces las editamos, les pusimos varios arreglos y, con el tiempo, se convirtieron en las demos del EP con las voces. Nos emocionamos mucho y nos dimos cuenta de que ambos queríamos hacer una grabación de calidad, así que fuimos a un estudio con Robert Carranza y lo grabamos. Somos buenos amigos y no tenemos nada planeado, más allá de encontrarnos y pasarlo bien haciendo lo que nos gusta, que es tocar música. Por este motivo fue tan fácil y natural, puesto que lo pasábamos en grande.

Aquel EP homónimo era una descarga de energía, solamente con un teclado y tu batería, además de las letras incendiarias de Zack. ¿Crees que aún es necesario romper las normas para tener relevancia como artistas?
Me encanta este disco porque surgió cuando salíamos por el barrio, de practicar surf juntos y de hacer jams en el local de ensayo por diversión. Solamente se trataba de ser felices y, cuando empezamos a tocar, vimos que nuestras tendencias personales eran compatibles, así fue cómo surgió la música. No creo que la originalidad consista en romper las normas porque no creo que existan las normas. Creo que todo pasa por intentar ser únicos y tocar lo que nos surge de forma natural. Zack y yo estamos muy unidos y cogemos olas siempre que podemos. Me gustaría grabar más música con él y ofrecer más conciertos en el futuro.

Este año sorprendiste a todo el mundo cuando salió la noticia de que te unías a Queens of the Stone Age para el nuevo disco y la gira mundial. ¿Cuándo conociste a Josh Homme? ¿Qué sentiste al formar parte de una banda tan consolidada?
Conocí a los Queens hace años, cuando ambos estuvimos de gira abriendo para los Red Hot Chili Peppers. Las dos primeras veces que toqué con ellos fueron breves y bonitas. Ellos estaban trabajando sin pausa para terminar el nuevo disco y yo estaba girando con Life Coach, así que nos encontramos de manera rápida para asegurarnos de que esto funcionaría… ellos volvieron al estudio y yo regresé a la carretera. Por encima de todo siento gratitud y emoción, porque me sorprende estar involucrado en este proyecto y tocar el legado de los grandes baterías que han pasado antes que yo. Esto sólo me inspira a querer mejorar.

El nuevo disco ha sido muy bien recibido por la crítica y el público, pero tú solamente participas en el tema homónimo, “…Like Clockwork”…
Cierto, hicimos esa canción muy rápido, pero no resultó fácil. Llevaban todo el día escribiendo el tema y me llamaron en el último minuto porque necesitaban que alguien tocara la batería. Yo fui en seguida, comentamos la idea general y hablamos de la aproximación que querían darle, pero todo tomó forma cuando la tocamos juntos en la sala. Fue como moldear una figura de arcilla hasta que toma forma. Cuando empiezas a tocar ya no hay vuelta atrás y sigues tocando hasta que queda perfecto. ¡Fue algo natural, pero me sorprendió que apareciera en el disco!

Ahora que estáis embarcados en una gira mundial, ¿podrías contarnos que has aprendido con todos tus viajes a lo largo de los años?
La gira está siendo genial, los conciertos cada vez son mejores y el público está muy entregado, casi siempre. Estamos creciendo juntos como músicos y empezamos a ver qué cosas funcionan y que cosas no funcionan entre nosotros. Es un buen comienzo y estoy muy motivado para seguir evolucionando junto a ellos. Me encanta viajar, descubrir otras culturas y otras tradiciones, así que salir de gira es perfecto. Visitas muchos lugares y recibes cosas de la gente y de las ciudades, pero también tienes la oportunidad de ofrecerles algo a ellos. Compartimos una experiencia que no requiere el lenguaje para que se entienda, así que es una manera universal de conectar con otras personas.

Hace tiempo colgaste en SoundCloud una mix-tape con música africana que te gusta. ¿Cuáles son realmente tus influencias sonoras?
Me gustan todos los tipos de música que me hacen mover o que me inspiran. Esa mix-tape que comentas incluía algunos de mis temas favoritos. Me encanta escuchar las maneras infinitas de expresarse con instrumentos o tecnología que la gente tiene alrededor del mundo. Disfrutar la música de otras culturas te permite dos cosas: ampliar tu concepción de lo que es posible expresar musicalmente y, al mismo tiempo, conocer esa cultura sin mediación, simplemente a través de su alma creativa, sin percepciones distorsionadas por los medios de comunicación. Hay algo universal que nos toca a todos cuando escucho una voz o un instrumento de otro tiempo o de otro lugar.

Hace un año entrevisté a Eric Avery y me habló del proyecto Giraffe Tongue Orchestra que justo empezabais. ¿Cómo ha evolucionado la banda después de tanto tiempo ensayando?
¡Eric es un gran colega! GTO es un proyecto muy excitante y ya hemos grabado un puñado de temas que me encantan. Esta combinación de músicos es muy productiva y promete muchas cosas, pero todos tenemos agendas muy complicadas y encontramos pocos momentos para tocar. Aunque estamos dispuestos a crear más música juntos y eso acabara sucediendo en algún momento.

He leído que uno de los motivos que te llevaron a Los Ángeles era estar cerca de la playa y practicar surf. ¿Qué significa para ti este deporte y la cultura que lleva implícita?
Ya me gustaba el surf incluso antes de haberlo practicado. Recuerdo que, cuando era un crío en Baltimore, me emocionaba cada vez que veía una foto o un video en televisión. Tan pronto me trasladé a Los Ángeles, empecé a ir a la playa e intenté practicarlo. Cuando logré coger mi primera ola ya me quedé enganchado para siempre. Existen tantas cosas que me hacen amar el surf, que me resulta complicado nombrarlas todas. Se trata de estar cerca del océano, de conectar con la fuerza del universo, de no ahogarse, de estar en forma, de hacer lo mejor en cada momento y en cada situación, se trata de sentir, de estar equilibrado, de meditar, de afrontar el miedo, de divertirse, se trata de sensualidad, de naturaleza, de progresar, de hacer un fuego en la playa y rodearse de amigos…

Algunos músicos intentan llevar las tablas de gira para coger olas en las ciudades donde tocan. ¿Te gusta hablar con los locales y descubrir nuevos spots cuando estás de viaje?
Me encanta ir a la playa mientras estoy de gira. Nunca llevo mis tablas, sino que las cojo prestadas de amigos o las compro a shapers locales y, al final, las dejo a mis colegas. Durante estos años he vivido experiencias increíbles y he conocido a muchos amigos gracias al surf, desde Japón hasta Puerto Rico, pasando por Francia, Portugal, México, Hawái, Costa Rica, Australia y California. Existe una especie de red de personas alrededor del mundo que, previa presentación por pate de un amigo en común, estarán encantados de abrirte las puertas de su casa, de sus vidas y de sus familias por el simple motivo que tú también haces surf. Es como una comunidad global de personas fantásticas que tienen una conexión especial con el océano y compartirán esa sensación con un perfecto desconocido. Cada lugar tiene una belleza particular, una manera de hacer surf distinta y un encanto que lo hace único. Siempre que sea posible estoy dispuesto a ir de viaje a la playa y disfruto con lo que me encuentro, ya sea compartiendo olas perfectas con amigos o tomando un café. Para mi, practicar surf es como hacer música, se trata de explorar, conectar con la gente, crear algo y aprovechar al máximo el poco tiempo que tenemos aquí en la tierra.