John Witzig

La realidad depende del punto de vista desde el que se miran las cosas que nos rodean. Si damos por sentado aquello que tenemos al alcance de la mano, corremos el riesgo de quedarnos estancados y de dejar escapar oportunidades irrepetibles. No se trata de ser rebelde y oponerse a las normas por el simple hecho de llevar la contraria, sino que el secreto consiste en tener curiosidad y querer descubrir qué se esconde detrás de lo evidente. Muchas veces esta curiosidad no es fingida ni impostada, sino que surge a raíz de los acontecimientos que marcan el pulso de nuestra vida cotidiana y puede convertirse en un estilo de vida fascinante. Seguramente esto es lo que debe pensar John Witzig, porque sin pretenderlo se convirtió en el mayor cronista del auge del surf en Australia a principios de los años 60 y sus fotografías siguen transportándonos a lugares tan remotos y mágicos que parece que sean un sueño.

Su historia nos demuestra que las mejores cosas de la vida nunca se planean, puesto que logró unir su pasión por las cámaras y su amor por las olas en un momento en el que la prensa alternativa empezaba a florecer en las Antípodas y el ambiente era especialmente propicio para que jóvenes con talento (y mucha curiosidad no pretendida) pudieran desarrollar una carrera inimaginable a ojos de sus padres. Si a la brecha generacional de aquella época le sumamos el auge de la contracultura, la estética psicodélica, el activismo medioambiental y las ansias de construir uno mismo las cosas que nos apasionan, es evidente que nos encontramos delante de una persona que ha trascendido su faceta profesional para alzarse como uno de los grandes iconos del surf moderno. Hemos tenido la oportunidad de conversar con John Witzig para conocer sus experiencias a lo largo de seis décadas a pie de playa, adentrarnos en sus viajes antes de la comercialización de las olas y descubrir qué esconden sus instantáneas más emblemáticas. Puede que su último libro editado por Rizzoli en Nueva York sea una joya de coleccionista, pero la verdadera esencia de su legado está en sus palabras.

The Camera Life: John Witzig