Glen E. Friedman

Una de las grandes paradojas sobre los mitos de la cultura pop es si el recuerdo de ciertas manifestaciones artísticas o sociales se debe a lo que vivimos en estricto directo o a la representación fotográfica que ha perdurado en el imaginario colectivo con el paso de los años. ¿Sería tan radical el mundo del patín sin el vértigo que desprenden las fotos de los Z-Boys en los años 70? ¿Sería tan salvaje el legado del punk norteamericano sin las fotos movidas de los conciertos de Black Flag y Fugazi en la década de los 80? ¿Habrían llegado al número uno de las listas de ventas los Beastie Boys y Run-DMC sin esas campañas promocionales con fotos que rompían la frontera entre lo alternativo y lo mainstream? Seguramente no hay una única respuesta correcta a tantos dilemas existenciales, pero lo que está claro es que nada de esto habría sucedido sin la pasión y la mirada vanguardista de un fotógrafo como Glen E. Friedman.

Muchas veces se dice que la suerte de esta profesión consiste en estar en el lugar adecuado y en el momento oportuno, pero resulta que este icono de la cámara vivía permanentemente en el ojo del huracán y logró retratar estas escenas desde dentro, como un protagonista más de lo que sucedía a su alrededor. No en vano, es amigo de los pioneros del skate de Dogtown, estaba en el backstage en los garitos donde nació el hardcore y se codeaba con Rick Rubin en los inicios del sello Def Jam. Puede que ahora la carrera de Glen E. Friedman haya quedado suspendida en el limbo, pero acaba de presentar un libro titulado “My Rules” en el que revisa su extensa carrera y nos abre las puertas de su archivo personal. Hemos tenido la oportunidad de entrevistarlo para descubrir qué se escondía detrás de su objetivo y cómo vivió aquellos momentos de cambio en los que la cultura alternativa reinó por encima de todo lo demás.

Glen E. Friedman