Eric Avery

UNA HISTORIA DE SURF Y ADICCIÓN AL ROCK.

Texto: David Moreu

¿Se puede haber formado parte de una de las bandas más legendarias del rock y pasar desapercibido en las playas de Malibú? Sin duda, Eric Avery es la excepción que confirma esta paradoja y, por este motivo, se ha convertido en una figura de culto dentro de la industria musical. A mediados de los años 80 formó una banda con el sugerente nombre de Jane’s Addiction e hicieron temblar los cimientos de la escena “underground” con sus conciertos salvajes y sus álbumes de estudio. Pero cuando empezaban a saborear las mieles del éxito, el bajista decidió que era el momento de dejarlo. Entonces se centró en su carrera en solitario, experimentó con la electrónica y rechazó formar parte de todas las reuniones de su antigua banda. Era una herida demasiado profunda para corromperla sólo por dinero. Aunque en 2008 se juntaron para un evento y eso propició una nueva gira mundial junto a Nine Inch Nails. Evidentemente, los egos de la banda no tardaron en chocar de nuevo y Eric Avery decidió recuperar la calma de su vida anterior. Una conversación sobre la magia del surf, la época dorada de Jane’s Addiction y sus proyectos musicales al margen del sistema.

Empecemos la entrevista por tu faceta menos evidente. En varias ocasiones has comentado que te apasiona el surf. ¿Cómo descubriste este deporte y cuándo empezaste a practicarlo?
Todo empezó porque, siendo un niño, era aficionado al skate. Recuerdo que mi primer patín tenía ruedas de plástico y giraban muy mal. Un poco más tarde, cuando ya tenía unos 13 años, iba mucho por Venice con un amigo al que también le gustaba el skate y, simplemente, decidimos que era el momento de probar el surf. Entonces compramos unas tablas de segunda mano que estaban hechas polvo y fuimos a la playa para aprender. Eso fue, probablemente, a finales de los años 70… en 1977 o 1978.

Si no me equivoco, en aquella época los Z-Boys aún patinaban por Venice y empezaban a triunfar en los campeonatos de skate…
¡Exacto! Era muy excitante porque entonces sabía quienes eran esos tíos. No los conocía personalmente, pero muchas veces veía a los Z-Boys en el agua esperando las olas. Sabía quienes eran Jay Adams, Dennis Harney y otros skaters menos conocidos. Eran los héroes locales, pero aún no se les conocida demasiado fuera de Venice y de Santa Mónica.

Después de tantos años practicándolo, ¿qué significa para ti el surf?
Me interesa muy poco perseguir esa especie de libertad o ir en busca de olas a cualquier parte. No me malinterpretes, me sigue gustando cuando hay buenas olas, pero ahora disfruto más todo lo que rodea a esta cultura que cuando era joven. Me encanta conducir por la costa o ir a la playa con mi mujer cuando hay olas de un metro y hace un día espléndido. Todavía no me considero un “longboarder”, pero el estilo de vida me atrae tanto como el hecho de meterme en el agua. Cuando era un chaval sólo quería buenas olas, era lo único que me importaba. Pero ahora creo que he ampliado mi concepción del surf.

Por curiosidad, ¿eres de esos músicos que se llevan la tabla cuando van de gira?
Normalmente sólo practico el surf cuando estoy en mi casa. Si surge la oportunidad cuando estoy de gira, entonces me meto, pero eso sucede muy pocas veces. Aunque una vez hice surf en Portugal y fue muy divertido. La música es mi profesión y tengo que estar muy concentrado cuando viajamos. Realmente hay muy poco tiempo libre y a veces pienso que, si no es porque conozco a alguien local que me enseña los sitios adecuados, acabaré metiéndome en la playa más abarrotada y con olas de mierda. ¿Sabes a lo qué me refiero? No conozco los “secret spots” de cada ciudad, pero si que controlo las playas de mi zona.

Has participado en varios eventos benéficos de la Surfrider Foundation junto a Flea de los Red Hot Chili Peppers. ¿Cómo te involucraste con ese proyecto?
Fue curioso, porque la primera vez sucedió por casualidad. Un día fui a la playa con mi esposa para ver el evento de la Surfrider Foundation y también para ver el campeonato femenino de surf del WCT. Estábamos paseando y nos encontramos con Flea… entonces alguien nos vio y nos dijo: “¿Queréis participar en la sesión de surf de gente famosa?” Ambos nos quedamos asombrados porque se hacía en la Surfrider Beach, que siempre está llena de gente y yo nunca me había metido allí. Pero íbamos a tener las olas sólo para nosotros durante unos minutos, así que aceptamos. Después de eso nos han seguido invitando cada año para recaudar fondos para la Surfrider Foundation, que está ubicada en California y desempeña una gran tarea medioambiental.

Si tuvieras que vivir en un sitio que no fuera el sur de California, ¿dónde te gustaría instalarte?
Mi mujer y yo hemos hablado varias veces sobre qué sitios del mundo serían una buena elección para vivir y el lugar que siempre nos recomiendan los amigos es la costa del norte de España, cerca de San Sebastián. Simplemente, lo hemos comentado alguna vez. A mí no me gustan las zonas donde sólo se vive para el surf, en cambio allí la comida es fabulosa y queda cerca de Bilbao…

En 2009 actuaste en un festival en Bilbao con Jane’s Addiction. ¿Por qué te atrae tanto esa ciudad?
Sólo recuerdo el Museo Guggenheim, que es fantástico. Crecí en una familia que me transmitió el valor de la creatividad, de la escritura, de la poesía, de la música y del arte. Por este motivo siempre me ha interesado todo lo artístico. Cuando sé que voy a estar de gira durante varias semanas, cojo la agenda y miro qué exposiciones o eventos de arte habrá en cada ciudad donde toquemos. Entonces intento escaparme unas horas y verlo. Por ejemplo, sé que cuando toquemos en Londres con Garbage habrá una exposición de Lucian Freud, un pintor que me encanta. Es una de mis aficiones.

Centrémonos ahora en tu carrera musical. ¿Recuerdas cuando decidiste empezar a tocar en una banda por primera vez?
Creo que tenía unas expectativas muy realistas para mi vida. Era un joven poco interesante y nunca me planteé que podría tener éxito y recorrer el mundo si hacía algo artístico o musical. Simplemente conocí a Perry, cuando un amigo en común nos presentó, él quería abandonar a su banda y decidimos empezar una de nueva juntos. Ninguno de los dos imaginaba que eso nos llevaría tan lejos.

En una entrevista comentaste que formar parte de Jane’s Addiction era como vivir el inicio de algo, pero nunca un fin. ¿A qué te referías con esa afirmación?
Lo que quería decir era que, a veces… y eso es un sentimiento bastante común entre la gente joven, cuando la vida te sorprende con oportunidades fascinantes y te suceden muchas cosas, tienes la falsa creencia de que siempre será de esa manera. Cuando dejé Jane’s Addiction (y a Perry le sucedió lo mismo), pensamos que íbamos directos hacia la siguiente gran fase de nuestras vidas. Y eso es un síntoma de ser joven y de tener una visión del mundo un poco naif.

¿Cómo era la escena de Los Ángeles a finales de los años 80, cuando empezasteis a tocar?
Era muy excitante porque, constantemente, había conciertos y nuevas bandas en los clubes. Era una mezcla de muchas cosas distintas. Con Jane’s Addiction tuvimos la suerte de tocar de manera frecuente en un pequeño local y ellos crecieron al mismo tiempo que nosotros, porque siempre hubo ese espíritu de promiscuidad. Las bandas que acostumbraban a contratar para tocar allí eran Guns n’ Roses y otras parecidas, que no nos gustaban demasiado. Aunque había gente entre el público que se interesaba por Jane’s Addiction y le gustaba nuestras influencias más rockeras. Después también había conciertos de los Butthole Surfers, de Pigmy Love Circus y otras bandas extrañas que eran muy interesantes. Creo que nosotros encajábamos en medio de todo aquello y nos podían meter en cualquier cartel. Entonces se organizaban espectáculos tres o cuatro noches a la semana y siempre salíamos, aunque sólo fuera para saludar al portero del club un lunes por la noche. Fue una época muy bonita y excitante para la escena musical de Los Ángeles.

Siempre se ha comentado que, en aquellos días, había un gran sentimiento de comunidad entre la mayoría de bandas de la ciudad…
Sin duda había un sentimiento de comunidad y eso sucedía con algunas bandas que, a simple vista, no eran del todo compatibles. Éramos cuatro grupos: Red Hot Chili Peppers, Fishbone, Thelonious Monster y nosotros. Todos éramos amigos e íbamos a los conciertos de los demás, pero ninguna de esas bandas se parecía al resto. Cada uno venía de su planeta, aunque formábamos parte de una escena basada en la amistad verdadera y en cosas de esas…

¿Cómo se vivió desde dentro el momento en el que algunos de aquellos grupos “underground” se hicieron muy populares a principios de los 90?
Jane’s Addiction se separó justo cuando empezábamos a ser famosos y las cosas se disparaban, así que no tuvimos mucho tiempo para ganar dinero y disfrutar de un estilo de vida grandioso. Realmente, la gran ola vino después de nosotros con Nirvana, Soundgarden y todas esas bandas. Muchos de nosotros, entre los que me incluyo, no nos sentíamos cercanos a esos grupos. Yo los apreciaba… por ejemplo, Nirvana tocaba un pop-rock encantador, o lo que fuera, pero nunca fue una banda que sintiera como propia. Lo mismo me pasaba con Soundgarden. Así que no me sentí demasiado próximo a esa corriente de éxito que sucedió después de nosotros.

¿Qué bandas escuchabas en aquellos días?
Sin duda, Big Black era mi grupo favorito. Los Butthole Surfers también me gustaban mucho. Sleeper, Joy Division, Bauhaus y esa clase de bandas inglesas muy distintas entre si, pero muy creativas. Me gustaba el rock poco tradicional.

En algunas ocasiones has comentado que si ahora tuvieras 20 años, harías música electrónica en lugar de rock. ¿Qué te apasiona de ese estilo?
Creo que hay un espíritu de experimentación más grande en la música electrónica, pero entendiéndola en su concepto más amplio. Hace muchos años que no aprecio algo parecido en el rock y éste se ha convertido, simplemente, en rock para las nuevas generaciones. Eso es algo correcto, pero no creo que me atrajera si ahora tuviera 20 años. Lo que me motivaba a esa edad era la energía de la experimentación y ser salvaje. Alguien como Gibby Haynes, el cantante de los Butthole Surfers, sigue siendo mucho más excitante que cualquier nuevo grupo de música. Por eso digo que ese espíritu está más presente en la música electrónica, puesto que se atreven a hacer cosas arriesgadas. En los inicios de Jane’s Addiction buscábamos nuestros propios lugares para tocar, como un loft o un almacén, para que no fuera un concierto normal. Pero el mundo del rock ya no hace eso…

En ese sentido, en 1991 creasteis el festival Lollapalooza y acabó siendo vuestra original manera de despediros…
Nos caracterizaba ese espíritu tan ecléctico, pero era algo común en la escena de Los Ángeles de aquellos años. Tenías la sensación de que no debías vestir de un modo concreto para que te gustaran todas esas bandas. Por eso el Lollapalooza estaba por encima de todo. Aunque en Europa creo que siempre ha sido de esa manera, porque en los festivales acostumbra a haber una gran mezcla de grupos y de estilos. Siempre he creído que Europa es menos rígida y tiene la mente más abierta en esos temas.

Una vez Jane’s Addiction se separó, ¿decidiste tomarte un tiempo para planear tu carrera en solitario?
Realmente nunca paré de tocar. Lo que sucedió fue que desaparecí del mapa como personaje público, pero siempre estuve componiendo y tocando en Los Ángeles. Aunque nadie me prestaba atención. Monté mi propia banda, Polar Bear, y tocamos en varios clubes de la ciudad. Continué mi carrera musical, pero alejado de los sellos tradicionales.

Supongo que fue una etapa de experimentación y que tanto Deconstruction como Polar Bear te permitieron bucear en los sonidos electrónicos que tanto te llamaban la atención…
¡Por supuesto! Creo que Deconstruction fue el inicio de esa nueva etapa. Fue entonces cuando compré mi primer sampler y después vino Polar Bear, que fue un proyecto que me permitió ir más allá. Me interesé mucho por el sampleado y la electrónica, así que todo eso fue el principio de una especie de viaje.

¿Qué puedes avanzarnos de este nuevo grupo que se llama Giraffe Tongue Orchestra?
Bueno, aún no sabemos qué sucederá. Es una historia un poco extraña, porque el hijo de Terry Bozzio, el famoso batería, quería montar un grupo en plan “dream team” y ser el batería. Los músicos que contactó fueron Brent Hinds de Mastodon y Ben Weinman de The Dillinger Escape Plan, aunque necesitaban a un bajista. Yo no era la elección principal, pero Ben me llamó y me preguntó si estaría interesado en tocar con ellos. Entonces fuimos a Austin (Texas), intentamos escribir algunas canciones y ver qué sucedía. Al final no funcionó con aquel chico, pero el resto nos compenetramos bien y decidimos intentarlo de nuevo. Desde entonces nos estamos mandando ideas, tenemos algunas canciones e intentamos hacer que evolucione. Se nos ha unido Jon Theodore como batería, que ya tocó con The Mars Volta y One Day As A Lion. El problema es que nos cuesta coordinar las agendas para encontrarnos y ensayar.

Durante muchos años no quisiste reunirte con Jane’s Addiction porque decías que era algo demasiado personal. ¿Qué sucedió al final con tu regreso?
Es interesante que me recuerdes este tema porque, ahora, mis sentimientos hacia Jane’s Addiction han cambiado. Al principio era algo que me preocupaba mucho. Pero cuando decidí volver a tocar con ellos, me sentí otra vez involucrado de una manera “orgánica”. Fue como sentir de nuevo ese optimismo naíf sobre todo lo que podíamos hacer juntos. Habíamos aprendido muchas lecciones durante esos años, tanto a nivel personal como musical. Al principio fue como apreciarlo de nuevo porque no había escuchado la música de Jane’s Addiction en mucho tiempo y, cuando tuve que aprender otra vez algunas canciones, me impresionó lo geniales que éramos… sobretodo Perry en aquella época, con sus letras. Fue una experiencia increíble a nivel personal, pero terminó siendo algo demasiado complejo y difícil. Cuando volví a dejar la banda, no tuve apenas remordimientos, como en la primera ocasión. Fue un experimento que, simplemente, no acabó de tomar forma.

Me gustaría preguntarte por anécdotas de algunos de tus álbumes. ¿Qué puedes contarnos de Help Wanted, tu primer trabajo realmente en solitario?
Las sesiones de ese disco fueron muy especiales. Realmente, era la primera vez que grababa algo por mi cuenta y lo hice todo en mi casa. Fue, en parte, un proceso de aprender a ser el ingeniero de sonido al mismo tiempo que hacía de artista. En el álbum que estoy terminando ahora he tocado el 98% de las pistas instrumentales y en Help Wanted puede que fueran unos 2/3.

Ahora viajemos al principio de tu carrera, con Nothing’s Shocking
Recuerdo que lo grabamos en un lugar abandonado que ya no existe, que estaba al lado del club Palladium en Hollywood, justo al otro lado de la calle donde se encuentra el edificio de Capitol Records.

Ritual de lo Habitual fue el disco que os consagró. ¿Qué recuerdas de aquella época tan convulsa?
La primera cosa en la que pienso siempre es la canción que creo que mejor define a Jane’s Addiction… me refiero a “Three Days”. Es el tema del que más orgulloso me siento y recuerdo perfectamente cuando lo grabamos en el estudio. Lo tocamos de principio a fin porque dos jefes de la discográfica vinieron a vernos. Creo que fue a la tercera toma cuando salió bien y esa interpretación es la que acabó en el disco. ¡Era la tercera vez que la tocábamos entera en el estudio!

¿Crees que esa canción puede resumir la esencia de la primera época de Jane’s Addiction?
Sí. Creo que es dramática y esta construida por partes, como si fuera un viaje. Además, es un tema largo, con mucha carga sexual y la letra tiene muchos aspectos místicos. Si tuviera que elegir una canción por la que me gustaría ser recordado, no hay duda de que sería ésta.