Chicha Libre

LOS REYES DEL SONIDO AMAZÓNICO.

Texto: David Moreu

Actualmente se han roto todos los estereotipos musicales y Chicha Libre se ha convertido en una banda de culto gracias a su cóctel explosivo de ritmos surf, melodías pop y flechazos psicodélicos inspirados en la música tradicional de la Amazonia. Aunque tienen su base de operaciones en Brooklyn (New York), este combo bárbaro está formado por franceses, estadounidenses, venezolanos y mexicanos que no dudan en mezclar versiones de la música tradicional peruana con composiciones originales en francés, español e inglés, además de reinterpretar clásicos del pop de los 70. Pero remontémonos al origen de este sonido mestizo: ¿qué es realmente la chicha? Se trata de un aguardiente a base de maíz fermentado elaborado por los incas y sus descendientes desde los días precolombinos. Aunque también se conoce como chicha el estilo de cumbia del Perú popularizado a finales de los 60, que incorporaba melodías andinas, una pizca de son cubano, el reverb de las guitarras surf, los órganos farfisa y los sintetizadores moog. Sin duda, una combinación salvaje que cambió para siempre la música de aires latinos, pero que se perdió en el olvido del tiempo hasta que Chicha Libre decidió rendirle tributo. Después del éxito de su álbum de debut, ahora regresan con su segunda entrega discográfica para deleitar a todos aquellos que quieran descubrir sonidos exóticos. En una parada de su gira norteamericana he hablado con Olivier Conan (su líder y cantante) sobre los orígenes de la banda, su mezcla de estilos y la magia de la música surf.

Tengo entendido que los inicios de Chicha Libre fueron durante un viaje que hiciste a Perú, donde descubriste la música chicha de los años 60. ¿Cómo fue aquel viaje y por qué decidiste montar una banda?
La primera vez que visité Perú fue en 2004, sobretodo porque quería disfrutar del viaje y porque me interesaba su música tradicional. Entonces no sabía nada sobre la chicha, pero me encantaban la música criolla y los sonidos afro-peruanos. Fue durante la ruta que hice por el país que descubrí la cumbia peruana, me enamoré de ella y regresé a New York con una gran colección de discos. Poco después decidí editar un álbum recopilatorio para dar a conocer esa música y lo titulé “The Roots of Chicha”. Curiosamente, fue aquel lanzamiento lo que me llevó a montar una banda para rendir tributo a esos sonidos. Empezamos tocando en nuestro tiempo libre, pero en seguida pasó a ser un proyecto a tiempo completo con canciones originales.

Además del sello Barbès Records, gestionas un club de música con el mismo nombre en New York. ¿Qué tipo de música editáis y cómo definirías la esencia del local? ¿Cómo es la escena musical de la ciudad actualmente?
Se trata de un club muy pequeño, en el que solamente caben unas 60 personas, pero tenemos una programación muy ecléctica y se puede escuchar todo tipo de música. Sobre todo nos centramos en lo que los americanos entienden como “world music”, que son todos aquellos sonidos no anglosajones, además de proyectos experimentales y algo de americana. Por lo que se refiere al sello, empezó como un complemento de la actividad del club. Los primeros lanzamientos eran de bandas que tocaban habitualmente en el local, pero el proyecto fue creciendo y se ha consolidado con otros grupos como Hazmat Modine, Slavic Soul Party y los recopilatorios de chicha. New York ha cambiado mucho en los últimos 15 años, aunque sigue teniendo una de las escenas musicales más ricas y abiertas del mundo. Los músicos de la ciudad habitualmente tocan más de un estilo… algo que viene marcado por temas económicos, puesto que es complicado sobrevivir aquí y uno tiene que aceptar todos los conciertos que surjan. Pero el resultado es fascinante, puesto que tienen un gran conocimiento musical gracias al contacto con gente de todas partes del mundo y muestran una enorme capacidad para adaptarse a cualquier sonido.

Cuando se habla de Chica Libre se hace referencia a la nueva ola de “world music”, junto con otras bandas como Dengue Fever. ¿Os sentís identificados con esta etiqueta? ¿Cómo definirías vuestro sonido?
Estoy de acuerdo en que existe una nueva ola de “world music” y una nueva manera de apreciarla por parte del público. Muchos de nosotros crecimos escuchando y tocando rock, pero al mismo tiempo nos gustaba la música africana, latina o del este de Europa. Todos estos sonidos se acabaron filtrando en nuestras vidas y pasaron a formar parte de nuestra manera de ser. No tocamos cumbia porque sea exótico, sino porque siempre ha estado nuestro alrededor. Lo mismo sucede con otras bandas que han decidido mezclar sonidos muy variados. Dengue Fever es un ejemplo perfecto y nos sentimos muy cercanos a su manera de hacer las cosas. Hemos ido de gira con ellos en dos ocasiones y ha sido muy divertido. Creo que ambos tenemos una forma parecida de mezclar los sonidos del mundo.

Una de las cosas que más llama la atención de vuestras canciones es el sonido de la guitarra. Una mezcla entre sonido “fuzz” y la tradición de la música surf. ¿Cuál crees que fue la magia de los años 60, cuando surgieron estos sonidos en California?
Aunque ningún miembro de la banda practica este deporte, todos adoramos la música surf. Aquel sonido tan típico de California cogió de improviso a la gente de todos los rincones del planeta. Era muy popular en Francia, donde yo crecí, pero también tuvo éxito en México o Perú. El hecho de que fuera instrumental ayudó a que todo el mundo se sintiera identificado con las canciones, sin importar el idioma que hablaras. También era una música que daba un gran protagonismo a las melodías y no se centraba solamente en hacerte bailar. Los pioneros de la música surf ya se apropiaban de melodías de otros países… por ejemplo, Dick Dale no ocultaba sus influencias asiáticas e incluso The Ventures se atrevían con versiones de temas clásicos o latinos, no muy distintos a los que tocaban los grupos de chicha de la época. Es por estos motivos que creo que esa música triunfó en todo el mundo.

“Sonido Amazónico” fue vuestro primer álbum. ¿Qué recuerdas de aquella época? ¿Cómo fueron las sesiones de grabación?
Cuando decidimos grabar el disco, hacía poco tiempo que tocábamos juntos, apenas un año. Por eso intentamos que las sesiones de grabación capturaran, en la medida de lo posible, las vibraciones de nuestro directo. Lo hicimos todo en analógico, aunque después mezclamos las canciones con Pro-Tools porque resulta más económico. Lo grabamos en Seizure’s Palace, el estudio de Jason Lafarge en Brooklyn. Se trata de una nave industrial que dispone de unas grandes salas… esto permite que la batería y las guitarras suenen muy grandes y excitantes. En aquel momento quedamos muy contentos con el resultado.

¿Puedes contarnos alguna anécdota de la canción “Popcorn Andino” o del video musical que hicisteis con imágenes de América Latina, playas remotas y surf vintage?
El single titulado “Popcorn Andino” fue el primer disco que me compré cuando era un niño, así que tiene un significado muy especial para mi. Siempre había tenido la idea de versionarlo en estilo cumbia, así que lo hicimos para el primer álbum. Yo le añadí un estribillo, puesto que el maíz (corn) es un elemento muy importante en Perú y me pareció que encajaba en el tema. El video vino después y lo realizó nuestro amigo Nate Pommer en base a imágenes que había rodado en América Latina y escenas de surf que encajaban muy bien con la música.

Actualmente estáis presentando vuestro segundo disco, titulado “Canibalismo”. ¿Cómo ha evolucionado el sonido de la banda?
El grupo ha evolucionado bastante en los últimos cuatro años. Hemos esperado cierto tiempo para grabar el segundo álbum porque los segundos álbumes siempre dan un poco de miedo… la gente tiene ciertas expectativas. En esta ocasión no queríamos rendir un simple tributo a la música peruana, sino que queríamos que fuera nuestro propio disco. Por este motivo escribimos la mayoría de canciones y algunas no encajan en el estilo de la chicha, aunque mantienen ese espíritu original. Dedicamos más tiempo a la grabación y casi todo lo hicimos nosotros mismos en el Barbès Club durante el día. Josh y yo experimentamos con muchos sonidos, con sintetizadores, efectos, yuxtaposiciones, todo tipo de pedales y mandábamos el sonido directamente a los amplificadores, junto a las guitarras y la percusión. Intentamos no repetir el mismo sonido dos veces y presentar una paleta de “colores” muy variada, incluso utilizando elementos de electrónica. Pero siempre con una aproximación analógica propia de los años 70… no sé si esta explicación ha tenido sentido.

¿Tiene algún significado especial o oculto el título del álbum?
“Canibalismo” es una referencia al manifiesto que hizo Oswald De Andrade sobre la Tropicalia. Nos encanta el proceso de popularización de ese estilo y el hecho de que sus músicos y artistas fueran tan conscientes de que estaban canibalizando otros sonidos y culturas. Tengo la impresión de que nosotros, en esencia, estamos haciendo algo parecido y también somos unos caníbales.

Una de las canciones es una versión de “The Ride of the Valkyries“, un tema que siempre me recuerda a la película “Apocalypse Now”. ¿Por qué decidisteis hacer una versión de este clásico? ¿Sois fans de la película de Coppola? Para mi es un icono de la psicodelia…
Fue idea de Nick Cudahy y nos pareció muy acertada. Hace tiempo que tocamos versiones de canciones de música clásica, por ejemplo de Ravel, Satie o Vivaldi, y creímos que un tema tan icónico y pomposo podría ser un gran reto. La cumbia teutónica siempre ha sido políticamente incorrecta y, al mismo tiempo, Coppola usó esa canción en “Apocalypse Now” con un aire muy psicodélico que todo el mundo conoce hoy en día. Nos gustaría pensar que hemos llevado este tema un paso más lejos con nuestra versión…

Además de los sonidos latinos, ¿cuáles son tus preferencias musicales? Creo que llevas la “chanson” francesa en la sangre…
Tenemos muchas influencias y preferencias personales, simplemente por el hecho de que cada miembro de la banda es de un lugar distinto: Francia, Estados Unidos, Venezuela y México. Esto ya nos ofrece un abanico de sonidos y de referencias muy distinto. Los dos estilos musicales con los que más me identifico son el punk y la salsa, puesto que los escuchaba siendo un adolescente. Josh es un gran aficionado al rock progresivo, aunque a todos nos gusta ese género. Yo soy francés, así que la música de ese país forma parte de mi vida, ya sea lo más clásico o la “chanson”. Aunque he pasado más tiempo escuchando música latina, desde la llanera de Venezuela, la cumbia de Colombia o el son cubano. Y, por supuesto, la música surf.

Ya habéis empezado la gira de presentación del nuevo disco. ¿Cómo funcionan los conciertos? ¿Tenéis previsto venir a tocar a España este año?
La gira va fenomenal y nos han recibido de manera increíble. Hemos tocado en Argentina, Chile, Colombia y justo ahora hemos empezado a movernos por los Estados Unidos: Los Ángeles, San Francisco y Chicago. El álbum salió a la venta la semana pasada, así que todavía es pronto para saber si está funcionando o no, pero parece que todo va bien. No tenemos planes de visitar España en los próximos meses, aunque nos encantaría hacerlo pronto. El verano pasado tocamos en Madrid, en el Chico Trópico Festival, y fue una gran experiencia. Creo que es uno de los países de Europa que mejor entienden la música que hacemos.