Bruce Iglauer

EL ÚLTIMO SUSPIRO DE PROFESSOR LONGHAIR.

Por David Moreu / Fotografías: Michael Smith (cedidas por Alligator Records)

La historia del Rhythm & Blues está repleta de leyendas, pero las originales siempre nos llevan de vuelta a la ciudad de Nueva Orleans en la década de los 50, cuando el rock n’ roll todavía era un espejismo en el horizonte y los músicos afroamericanos hacían bailar a los jóvenes con su ritmo endiablado en los locales más decadentes del profundo sur. Uno de los ilustres pioneros de aquel género fue Professor Longhair (también conocido como Fess), pianista virtuoso y autodidacta que desarrolló su estilo propio basándose en la rumba que llegaba del Caribe, el blues incendiario que sonaba en los clubes nocturnos, la música del Mardi Gras y el incipiente soul que triunfaría varias décadas más tarde. A pesar de su estatus de estrella local y de haber compuesto himnos como “Tipitina” y “Bald Head”, sus primeros años de carrera fueron una montaña rusa de éxitos, vicios y fracasos que lo llevaron a desaparecer por completo en los años 60 para dedicarse profesionalmente al póker. Sin embargo, regresó por todo lo alto en el Jazz Fest de 1971 y demostró que su repertorio seguía más vigente que nunca delante de un público formado por hippies que lo aclamaban como un héroe. Entonces nadie imaginaba que ese renacer artístico lo animaría a volver a grabar de manera esporádica hasta el último suspiro de su piano. He tenido la oportunidad de hablar con Bruce Iglauer, presidente de Alligator Records y productor de su último álbum de estudio, para rememorar la figura inabarcable de Professor Longhair en el 35 aniversario de su inesperada muerte. Todo lo demás son melodías salvajes que se lleva el viento.

¿Podrías contarnos cómo surgió la idea de grabar un álbum con Professor Longhair en 1979, siendo Alligator Records un sello dedicado por completo al blues eléctrico?
Me enamoré de la música de Fess después de escuchar el disco “New Orleans Piano” que Atlantic había lanzado a principios de los años 70. A pesar de que su nombre me resultaba familiar, ése fue realmente mi primer encuentro con su música… y quedé fascinado por la mezcla de ritmos latinos y de R&B, por su técnica imposible de imitar al piano y por esa manera tan particular que tenía de cantar. A veces resultaba complicado entender las letras, pero todo lo relacionado con su música me hacía sonreír. Unos años después conseguí su álbum en directo grabado en el Queen Mary y otro en el que estaba acompañado por el guitarrista Gatemouth Brown. Así que, mientras Alligator iba creciendo, yo empezaba a soñar con producir uno de sus discos y no dudé en lanzarme cuando surgió la oportunidad.

Tengo entendido que primero hablaste con su mánager por teléfono y después viajaste a Nueva Orleans para conocerlo en persona, coincidiendo con un concierto…
Primero contacté con su mánager para hablar sobre un festival que estábamos montando y, al final de la conversación, le hice la propuesta de grabar un disco. Sabía que su antiguo representante había perseguido durante años un gran contrato… en ese momento Alligator ya había lanzado 22 álbumes y seguíamos creciendo con un equipo de cuatro personas. Mi discurso fue que me encantaba la música de Fess, que el disco nunca estaría descatalogado y que sería la prioridad del sello. ¡Nunca imaginé que su mánager estaría interesada! Al cabo de unos días me llamó y me invitó a ir a Nueva Orleans para asistir a los dos conciertos que Fess ofrecería en Tipitina’s. Lo dejé todo y cogí inmediatamente un avión hacia el sur. Estuve en los dos shows e hice un listado con todas las canciones que interpretó con su banda. Los músicos eran bastante buenos, aunque el guitarrista era uno de sesión al que recurría a veces y los solos de los vientos no me llamaron demasiado la atención. Sin embargo, Fess estuvo perfecto y sonaba exactamente cómo esperabas, tanto al piano como en la voz. Nos conocimos en casa de su mánager después de la primera noche y empezamos a negociar el contrato. Él estaba presente, pero apenas intervino en la conversación, y dejó que su representante lo hiciera todo.

Dr. John se involucró en el álbum para rendir tributo a su maestro, con quien había debutado como músico de sesión en los años 50. ¿Cómo lograste convencerlo para participara?
El culpable fue mi amigo Tad Jones, uno de los grandes expertos de la música de Nueva Orleans al que conocí en la tienda de discos Jazz Record Mart de Chicago, cuando yo trabajaba de dependiente. Al enterarse de que planeaba grabar un álbum con Fess, en seguida llamó a Dr. John, que entonces vivía en Nueva York, y le preguntó si estaría interesado en tocar la guitarra. Él se mostró entusiasmado y aceptó de inmediato. Yo estaba encantado de tener a Mac en el proyecto porque sabía que la guitarra era su instrumento original. Recuerdo que cogió un avión a Nueva Orleans y llegó justo para el ensayo en el Musicians’ Union Hall la noche antes de la grabación. Incluso trajo su vieja Gibson, que tenía las cuerdas oxidadas de tanto tiempo que hacía que no la tocaba. Inmediatamente adoptó el rol de consejero, de arreglista y de consultor del álbum, además, no deseaba hacer ningún solo, simplemente quería tocar la guitarra rítmica y ayudar a Fess a grabar un buen disco. Se notaba que lo apreciaba mucho. Ahora que lo pienso, Dr. John fue mi arma secreta porque conocía perfectamente el estilo de Fess y la música de Nueva Orleans. Él trabajó estrechamente con la sección de viento y acabó siendo una especie de coproductor. Incluso me puso el apodo de Mr. Illegal Hour, que es una broma basada en mi curioso apellido. Aportó un ambiente muy positivo al estudio.

Muchas veces has comentado que entonces Fess tuvo, por primera vez en su carrera, el control creativo de un álbum. ¿Cómo fueron las sesiones de grabación en los Sea-Saint Studios?
Decidí llevar desde Chicago a Fred Breitberg, mi ingeniero de sonido de confianza, y lo grabamos todo en estricto directo, pero no entramos la sección de viento por los micrófonos por si después querían modificar sus partes o tocar otros solos. Recuerdo que Fess estaba muy relajado porque conocía perfectamente a los músicos y el repertorio. Su piano y su voz se grabaron en vivo y él fue muy estricto con sus interpretaciones. Por ejemplo, acababa una toma que, tanto Fred como yo, creíamos que había sonado genial y él nos decía: “Puedo hacerlo mejor”. Entonces le dejábamos repetir el tema y nos demostraba que tenía razón. En seguida me di cuenta de que sus solos de piano y sus trucos vocales estaban muy ensayados porque los hacía exactamente igual. ¡Sabía cómo quería sonar! No hubo demasiada improvisación y grabamos la mayor parte del material en dos tardes. Después tuve que convencer a Dr. John para que añadiera algunos solos de guitarra que aportaran textura a ciertas canciones. Al terminar, Fess me comentó que habían sido sus sesiones favoritas porque ningún otro sello o productor le había demostrado tanto respeto como yo. Curiosamente, “Crawfish Fiesta” y “Willie Fugal’s Blues” las grabaron por su cuenta durante la noche del tercer día, que era domingo. “Crawfish Fiesta” es la que da título al álbum y formaba parte del repertorio de Fess desde hacía tiempo, puesto que mezclaba partes de “Rum And Coca-Cola” y “A Tisket A Tasket”. Fue idea de Mac grabarla con el piano acompañado de congas, tuba y un tambor con un trozo de cartón ondulado pegado encima, que hacía que sonara como un elemento de percusión y no como una batería.

Por curiosidad, ¿tuviste oportunidad de charlar con Fess sobre su carrera y otros temas más personales durante las breves pausas de grabación?
Durante los ensayos, él hablaba más con los músicos que conmigo. Creo que me consideraba el “tío de la discográfica” y pensaba que estaba más interesado en los negocios que en la música, aunque sabía que era fan suyo. Sin embargo, al terminar las sesiones me pidió que cogiera las cintas y las llevara al hotel conmigo porque tenía miedo de que Marshall Sehorn, el socio de Allen Toussaint en el estudio, hiciera copias por la noche. Recuerdo que, el segundo día, Fess y yo llegamos 40 minutos antes que el resto de músicos y jugamos unas cuantas partidas de billar en la mesa que había en el vestíbulo. Él era muy bueno y aprovechamos para charlar un rato. Me contó que odiaba ser el líder de la banda, decir a los demás qué debían hacer y encargarse de cobrar el dinero de todos. También me contó que su rodilla estaba jodida por culpa de un experimento médico del Gobierno durante la Gran Depresión, cuando formó parte de un programa de empleo en el sector forestal. Reconoció que le encantaba estar en su casa y que no quería salir de Nueva Orleans… era un hombre muy amable y tenía un sentido del humor muy seco. Supongo que entonces se dio cuenta de que yo no era como el resto de productores que había conocido.

¿Planteaste el lanzamiento de este álbum como si se tratara del regreso de un artista de culto o era un disco más en el exitoso catálogo de blues de Alligator Records?
Era consciente de que se trataba de un lanzamiento muy importante para Alligator y que sería un reto porque, hasta ese momento, nuestro éxito en la radio se basaba en álbumes muy duros y con guitarras, como los de Hound Dog Taylor y Albert Collins. Sabíamos que este disco interesaría más a la prensa que a las emisoras de radio y deseábamos que Fess saliera de gira para presentarlo, pero eso nunca llegó a suceder. La idea para la portada surgió gracias al título y la hicieron los diseñadores con los que colaboraba en aquella época a partir de las fotos de Michael B. Smith. Puesto que él álbum aún no había salido, Fess no llegó a conceder entrevistas… aunque creo que hubiera sido complicado porque era demasiado discreto y estaba encerrado en si mismo. Tristemente, que su muerte coincidiera con el lanzamiento nos trajo mucha publicidad, pero estoy convencido de que igualmente habría tenido éxito.

La leyenda cuenta que el disco salió al mercado el mismo día que Professor Longhair fallecía de un ataque al corazón…
Es cierto, el lanzamiento estaba previsto para el 30 de enero de 1980. Fess había recibido una copia con antelación y estaba muy orgulloso del resultado. Sin embargo, ese mismo día por la mañana encendí el contestador automático y escuché un mensaje de Tad Jones… estaba llorando y apenas podía hablar. En seguida supe qué había sucedido. Fess había empezado varios proyectos con diversos sellos, pero nunca logró completarlos y el disco “Rock N’ Roll Gumbo” era casi desconocido en los Estados Unidos. La gente sabía todos esos intentos de relanzar su carrera discográfica y había bastante expectación con el nuevo trabajo. Y resulta que, cuando se hizo realidad, en lugar de salir con un sello como Atlantic, fue en un pequeño sello de Chicago llamado Alligator. La gente se sorprendió y las reseñas fueron muy buenas.

Para terminar la entrevista, ¿cómo definirías la magia de este álbum ahora que se celebra su 35 aniversario?
Con el paso del tiempo, “Crawfish Fiesta” parece que se ha convertido en el álbum esencial de Fess y, habitualmente, se considera uno de los discos clásicos del catálogo de Alligator, además de una de las grabaciones más importantes de Nueva Orleans de la segunda mitas del siglo XX. Cada vez que lo escucho, me sigue pareciendo bueno. Puede que haya ciertas cosas que cambiaría, aunque no es nada importante. Recuerdo que fue fácil de grabar… solamente un ensayo, dos tardes y una noche. Fess estaba preparado, la banda estaba lista y Mac era el ingrediente secreto. Pero, en el fondo, es un disco de Fess y él lo hizo todo. El resto simplemente ayudamos.