Adam Green

EL REY DE NUEVA YORK.

Texto: David Moreu  //  Foto cabecera: Iñaki Díaz

Adam Green es un personaje inclasificable dentro del circo de la música. Siendo un adolescente conquistó la radiofórmula estadounidense con un sonido ecléctico, atrevido e inclasificable, algo así como una mezcla ‘indie-rock-folk’, y descorchó la botella del éxito entre un público igualmente variopinto. Gracias al álbum “Sixes & Sevens” (2008) aparca su lado más estrafalario para mirar hacia atrás y hacer balance.

¿Recuerdas cómo empezaste en esto de la música?
Cuando era pequeño cantaba canciones de Flashdance y de los Cazafantasmas, pero un día me di cuenta de que era mejor inventar mis propias canciones. Mi primera actuación fue en una sesión de micrófono abierto en un café, sólo sabía tocar tres acordes con la guitarra, pero me atreví a subir al escenario. En cierta manera, esto es lo que llevo haciendo desde entonces y la verdad es que no recuerdo qué hacía antes… creo que me pasaba el rato jugando a los videojuegos.

¿Cómo es Nueva York para un adolescente inquieto?
Crecí en un pueblo a 45 minutos de Manhattan, pero me trasladé al centro cuando tenía 17 años porque mi padre consiguió trabajo como profesor en la Universidad de Columbia y teníamos el alquiler gratis. Entonces no conocía a demasiada gente y pasaba muchas horas tocando en el metro. Y de allí pasé al Sidewalk Cafe, donde se movía toda la gente de la escena folk. Entonces me sentía muy identificado con ellos.

¿Crees que aún queda algo de todo aquello en tu música?
Me sigue gustando, pero ya no me considero un cantante de folk porque creo que mi música ha evolucionado. Una vez leí una reseña en la que me criticaban por no ser un rockero auténtico, ¡cuando yo nunca he pretendido ser un rockero auténtico! Yo sólo intento hacer algo artístico con mis canciones, utilizando todos los sonidos, ritmos y melodías que llevo dentro, porque es como si tuviera una radio sonando sin parar en mi cabeza.

¿Ha cambiado mucho tu manera de componer?
Creo que no. Yo no invento historias, me centro en temas emocionales que me han marcado y las letras de las canciones funcionan como resumen de esas experiencias. Pero puede que exista otra parte de mí más obvia, en la que expreso ideas totalmente masoquistas. Es raro, pero cuanto más extraña es la canción, más realista acaba siendo.

Hace poco se estrenó la película “Juno“, que ha sido un gran éxito e incluye de manera destacada un tema de The Moldy Peaches, tu primer grupo…
Sólo es una canción, pero me siento muy afortunado porque aparece en un momento clave de la película y, además, los personajes la cantan. Creo que por primera vez The Moldy Peaches son realmente populares, aunque esta fama haya llegado 7 años tarde.

¿Has pensado alguna vez cómo sería tu vida siendo una gran estrella de la música?
Nunca me he esforzado demasiado para ser una superestrella, pero tampoco me puedo quejar porque uno de los motivos que me llevaron a escribir canciones fue que no quería trabajar en un sitio como el McDonald’s y, de momento, me va bien. Pero en cualquiera de mis discos puedes encontrar canciones que enganchan a la gente y ¿por qué no podría ser “Morning after Midnight” un gran éxito? No lo sé, podría serlo y vender un millón de copias. Mira la película “Juno“, ha sido número uno. Entonces mi disco podría ser el más grande jamás grabado.

Comentaste que tu nuevo disco era perfecto como banda sonora de una viaje por carretera…
En un principio pensé en llamarlo “Magical America” porque he intentado abarcar muchas de las tradiciones musicales que existen en mi país y pensé que sería divertido escucharlo mientras viajas en coche por distintos estados. Pero a nadie le gustó ese título y entonces le pusimos “Sixes & Sevens“, que también suena bien.

Una de las cosas que más me sorprendió al escucharlo es el aire soul de varias canciones…
Creo que sí, sobre todo desde que empecé a escuchar a Ray Charles. Pero hacía tiempo que tenía muchas de estas ideas, incluso cuando grababa en mi casa soñaba con cantar con un coro de góspel o con utilizar instrumentos exóticos. Creo que, de algún modo, intento alejarme de los clichés del rock independiente y hacer todo lo contrario. Pero, en cierta forma, todo sigue igual porque no escribo canciones pensando en el dinero.

Corre el rumor de que te quedaste tirado en Bélgica en medio de una gira porque el autobús se olvidó de ti. ¿Es cierto o es otra leyenda de Internet?
¡Completamente cierto! En aquella gira estaba hecho polvo porque tomaba pastillas para dormir, las mezclaba con alcohol y empecé a tener lagunas de mentales. No recordaba nada… ni los conciertos, ni el backstage, ni las ruedas de prensa. Y un día me encontré tirado en una gasolinera en pijama, porque bajé del autobús en plena noche. No sabía en qué país estaba, sólo quería encontrar una estación de tren, pero no llevaba dinero ni carné de identidad. Tuve mucha suerte al encontrarme con dos chavales belgas que hablaban inglés y conocían mi canción “Jessica Simpson“. Me creyeron cuando les dije que estaba perdido, que necesitaba ir a Lyon para telonerar a The Strokes y me llevaron en coche hasta allí. Lloré de alegría porque estaba pensando en suicidarme.

Tengo un amigo que no entiende porque la gente desea ir al cielo si allí solo hay guitarristas folk, cuando el infierno está lleno de músicos legendarios que murieron por sus excesos. ¿Te ves algún día tocando con ellos allí abajo o en el cielo cantando canciones de paz y amor?
Creo que yo me divido entre las dos fiestas porque a veces puedo ser una pesadilla para la gente que me rodea y otras veces puedo ser el tío más precavido del mundo. Pero en mi música siempre hay guerra, casi nunca hay paz. Creo que sólo se puede apreciar el placer en contraste con el dolor, ¿te has preguntado alguna vez si cuando estás contento es porque todo es genial o, simplemente, porque nada es demasiado malo?

¿Cuál es tu relación con el público?
El público siempre se ha mitificado. En mi primer concierto con The Moldy Peaches llenamos el Bowery Ballroom de NY y recuerdo que me quedé mirando a la gente, pero ninguna cara me resultaba familiar. Entonces me di cuenta de que todos eran extraños y que no puedes intentar comprender a quien escucha tu música, a quien compra tus discos o a quien viene a tus conciertos. No me malinterpretes, me gusta que la gente disfrute con mis canciones, pero no puedo escribir para ellos.

¿Qué piensas de los programas como “American Idol“?
Es muy extraño ver a gente con talento haciendo una música tan horrible y que, además, se conviertan en personajes famosos. Pero después te das cuenta de que son personas geniales. Siempre que escuches una canción horrible en la radio, recuerda que hay un tío muy majo detrás.

Estabas de gira por España cuando sucedieron los atentados de Madrid del 11-M. ¿Qué te pasó por la cabeza?Aún tenía muy reciente lo del World Trade Center y me impresionó ver que la reacción de la gente fuera tan parecida. Me acordé de la noche del 11-S cuando todo el mundo salió a la calle porqué estaban hartos de mirar las noticias en la tele y querían hablar con los suyos. Querían cancelar el concierto, pero creo que estuvo bien que actuáramos porque la gente vino y, seguramente, habló por primera vez de lo sucedido. No me atreví a decir nada, pero antes de empezar hicieron 5 minutos de silencio.

Siempre se habla de Nueva York como una de las mecas de la música. ¿Crees que es un mito o realmente no paran de suceder cosas?
Siempre está pasando algo en Nueva York y ahora hay muchos grupos increíbles, como Vampire Weekend, gente como Jeffrey Lewis o incluso Regina Spektor, que suena mejor que nunca. Creo que esta ciudad siempre ha sido un lugar clave para la música, la gente aún viene a probar suerte y, seguramente, es el mejor sitio para demostrar tu talento. Es como aquella canción de la película “New York, New York” que dice: “Si puedo hacerlo allí, podré hacerlo en cualquier otra parte”. Supongo que esta idea sigue siendo cierta.